María Monge

Ella, la protagonista de ese gran día y el centro de todas las miradas. Ella, que va a vivir esas doce horas como si fueran las últimas y estará rodeada de todas las personas a las que quiere.

Ella, a la que queremos con locura y con la que disfrutaremos como si fuera nuestro día. Ella, que se merece tanto y tanto nos merece.

¿Cómo participar de un día así?

Además de nuestra presencia que, sin duda, es imprescindible para animar la fiesta; nos gusta regalar.

Durante los últimos años se ha extendido la costumbre de regalar dinero en las bodas.

Si bien es cierto que cualquier ayuda es bienvenida (y más en esas circunstancias con el despliegue que supone cualquier celebración), más bienvenido debe ser un gesto de cariño, un algo que recuerde siempre con ternura y que la transporte a ese día, a esas horas, a ese momento.

Como siempre digo: ¿qué mejor que una joya?

No sé si pasa en todos los grupos de amigas pero, en el mío, siempre hay una que se encarga de los regalos. El resto sólo paga, que no es poco.

Esto no es un regalo cualquiera. Imaginaos la ilusión de vuestra novia, cuando sepa que sus amigas le han diseñado una joya. Una joya única. Una joya para ella, para su día, para su recuerdo.

Dentro de las posibilidades y, entendiendo que los presupuestos son muy diferentes, existen varias opciones:

1. “Algo nuevo, algo viejo, algo azul y algo prestado”: (algún día hablaremos en detalle de esta tradición)

No podemos hacernos cargo de todo pero, si os parece, nos quedamos con algo azul.

El zafiro, del que hablo de forma recurrente porque es, sin duda, mi piedra preciosa de color favorita es, además, un gran protagonista en las joyas. Podemos hacer desde un colgante sencillo con un zafiro montado en garras, hasta unos pendientes de zafiro y brillantes, una sortija… hay infinitas opciones y, dentro de lo que cabe, es una piedra bastante asequible.

2. Rediseño: Hay muchas novias (afortunadas) cuyas abuelas, madres o familiares tienen una joya antigua, o incluso una piedra preciosa desaprovechada. Digo desaprovechada porque la tengan en una caja fuerte, en un cajón, o en una joya que no se pongan desde hace tiempo porque “ya no la ven”.

Queridas abuelas, madres, tías, primas: una piedra preciosa es una reliquia. Dádmela y hacemos maravillas juntas.

Quizás yo sea sentimental de más (además de mi evidente pasión por las joyas), pero nada me gustaría más que llevar algo de mi madre o mi abuela en mi gran día, para toda la vida y a mi manera.

3. Folio en blanco: Proponed cualquier idea, por muy loca que sea. Sin la piedra de su familia, ni la necesidad de regalar nada azul. Nos encanta estudiar las posibilidades y, dentro de unos requisitos técnicos imprescindibles en joyería, prácticamente todo es posible. Llamadnos o escribidnos con vuestra idea y, a partir de ahí, empezaremos a trabajar juntas.

 Espero que este post os dé alguna idea sobre cómo hacer un regalo muy especial a una persona muy especial en un día muy especial.

A aquellas amigas que no se encargan de los regalos: siempre he querido ser una de vosotras.


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